Robert, gallardo masoquista


Conocí a Robert hace ya un quinquenio, me contactó tras mucho buscar una Señora a la que servir. Probó varias sesiones con distintas Dóminas pero, según me contó, no hallaba a esa mujer que le evocara entregarse. Su búsqueda duró años hasta que un día navegando en internet, llegó hasta mi.
Recuerdo su primer email con gran cariño, me llamo extremadamente la atención que conociera a la perfección el protocolo, su mal español lo traicionaba muy a menudo pero su mensaje llegaba a mi muy claramente. Tras varios emails cerramos el primer encuentro, no tenía más datos que un nombre y ciudad de origen, pero mi intuición me llamaba a mostrarme ilusionada con ese primer encuentro.

Ante mi, un hermoso hombre joven de ojos esmeralda, pelo rubio, impecables vestiduras y una tremenda elegancia que me atraía sin darme cuenta. Con él trajo un par de bolsas, junto a un maletín, no pude evitar desviar mi mirada hacia los mismos. Intrigada pregunté que había en las bolsas y al colocarlas sobre la mesa del recibidor, pude ver esa icónica bolsa de papel marrón, se trataba una bolsa de Christian Louboutin. Su respuesta me causó una inmensa sonrisa, ya que, su mirada calló al suelo y tras ella tan gallardo hombre. Puso a mis pies la bolsa y me pidió que la abriera. En ella descubrí una caja de zapatos y menudos stilettos encontré. Sorprendida por tal regalo, agradecí el detalle y le invité a tomar asiento y charlar unos minutos antes de comenzar la sesión como de costumbre.
Una vez entramos en calor, no podía creer como subíamos la intensidad de los azotes sin intercambiar palabra. Estábamos disfrutando de esa maravillosa burbuja que crea el sadomasoquismo. Pinzas, palas, floggers, fustas, gemidos, gruñidos y risas malévolas… ninguno de los dos queríamos que acabara esa sesión pero el tiempo se había agotado y tendríamos que continuar en otro momento. Nos despedimos y quedamos en unas semanas.

Cuando llegué a casa encontré en mi bandeja de correo un mensaje suyo, bajo el asunto “¡oh musa!” curiosa, abrí el mensaje y esto fue lo que me encontré:

Estimada Dómina Luz…
Ganas de ser dominado de nuevo por Usted si pero hay sinceramente algo mas…porque en mi interior me siento feliz..emocionado..y con una gana de conquistar su interés…Tengo también que decirle que soy realmente emocionado por la sorpresa y un poco angustiado…espero no haberla defraudado…porque me doy cuenta del honor que Usted me hace…
Si Dómina Luz ya era la hora que nos encontramos…tengo que confiarle que soy como el niño que por primera vez recibo un regalo…entonces hasta nuestro próximo encuentro intento arreglar los detalles lo mejor posible.y…el viaje va ser interminable…
Sus deseos de macarons serán una realidad…y para desearle las buenas noches y enseñarles que hoy hice lo mejor posible para satisfacerla con mi cuerpo…le mandi una foto respetuosa y tierna…
Dulces suenos  mi Musa…
 
Me provocó una enorme sonrisa aquel mensaje. Y pasé a planear el siguiente encuentro de manera mas minuciosa que de costumbre… y al fin llegó el segundo encuentro y el tercero, cuarto, quito…y transcurrieron quince meses donde cada quince o veinte días nos veíamos. Su entrega, devoción y lealtad crecieron con el paso de las semanas y me sentía agradecida por tal genial siervo.
Pero todo se torció cuando en su última visita con lágrimas en los ojos tuvimos que disolver nuestra relación. Robert en unas semanas celebraba su enlace matrimonial, lo cual me pilló por completa sorpresa ya que desconocía que estaba prometido y mucho menos que tuviera pareja. Con toda la tristeza nos despedimos para jamás volvernos a ver pero en mi mente siempre hay un bello recuerdo para él, mi querido siervo Robert.