¿Por qué me retiré de la dominación profesional?


Hace ya dos años que di por concluida mi etapa como Dómina profesional, dos años que en los que las personas muy a menudo se preguntan si he vuelto o si nunca lo dejé, veinticuatro meses que cerré definitivamente esa puerta. ¿Por qué? te preguntarás. Siento que ha llegado el momento de hablar claro, sin sutilezas y con la sinceridad por delante aunque pueda sonar cruda, pero es lo que tiene la realidad.

Empezaré por cómo y cuando llegué a las sesiones de pago: esto es un tanto curioso, comencé a mediados de 2012. Para ser sincera fue algo que me vino solo, sin buscarlo ni si quiera planteármelo pero así surgió. No voy a mentir, al principio me molestó tal propuesta de una persona que ya conocía y que de tanto en tanto jugaba con ella. No veía ningún motivo a priori para tal propuesta, pero este era su fetiche, el cual descubrí con el tiempo que había más sumisos como él. Lo valoré durante unas semanas y finalmente acepté.

En aquella época ya era completamente independiente económicamente y para mí era como un juego que quedaría entre esa persona y yo. Pero como este tipo de cosas se corren como la pólvora, no había pasado demasiado tiempo cuando algún que otro sumiso me proponía lo mismo y comencé este tipo de juegos por puro ocio sin darme cuenta que cuando quise echar a andar ya tenía en cada vuelta a España ocho o nueve sumisos que esperaban mi llegada y tener una sesión.

Así que cuando me mudé a Madrid en septiembre de 2013 me plantee cobrar por mis sesiones a aquellos sumisos que al igual que los anteriores lo hacían por puro y duro fetiche, no tardé mucho en darme cuenta de que la mayoría de los que a mi acudían eran sumisos casados que mantenían sus visitas al estudio como una vía de escape a su rutina vainilla. Lo cual no me importaba en lo absoluto siempre y cuando se sinceraran conmigo.

En resumen, aquí en Madrid por aquel entonces, había cinco Dóminas profesionales conocidas y me pareció buena idea seguir con este tipo de sesiones ya que de alguna manera debía comprar todo el material nuevo que necesitaba ampliar, amén de que yo no contaba con estudio propio en la capital y ello incurría en alquilar el espacio con todo lo que esto conllevaba y no iba a pagarlo yo por la cara bonita del que viniera a jugar conmigo.

Pocos días transcurrieron de mi llegada al panorama de las Dóminas profesionales en Madrid para que no parara de recibir correos, llamadas, mensajes en redes sociales, etc. cerrando sesiones conmigo. Fueron años en los que conocí muchísimos sumisos, pseudo sumisos, pajilleros varios, pseudo Amos que cara a la galería eran la repera y luego cuando entraban a la mazmorra daban su verdadera cara, lo cual siempre me ha parecido un tanto… incongruente cuanto menos. Pero ¡c’est la vie!

Con el paso del tiempo comencé a cansarme de soportar plantones, llamadas morbosas, “sumisos” que exigían porque pagaban las sesiones e incluso intentaban regatear con el tributo, chantajes emocionales, sumisos mentirosos y manipuladores, llamadas y correos confundiéndome con una prostituta, incluso llegaron a abonarme en una ocasión con billetes falsos. Nunca ser Dómina profesional fue mi fuente principal de ingresos lo cual ayudaba a que no me viera obligada a soportar este tipo de situaciones, pero estar  ciertamente expuesta no me podía librar de estas cosas, aunque tomara medidas para aminorar estas situaciones.

Hablemos con datos reales: de cuatrocientos contactos mensuales (entre emails, whatsapps, llamadas y mensajes en redes sociales) solo una pequeña parte llegaba al cara a cara. Dicho de otro modo, de esos cuatrocientos quince llegaban al estudio. ¿Sorprendidx? pues imagina que eso sea tu día a día.

Tomando esos quince de muestra una vez entrados en sesión la mitad no sabían ni si quiera a lo que venían, y la cuarta parte del total eran los que con más o menos asiduidad acudían al estudio y con los que acabé, en mayor o menor grado, teniendo tanto fuera del estudio como dentro una relación continuada en el tiempo. ¿Has hecho cálculos? Pues eso. De cuatrocientos que me contactaba quedaban cinco o seis que llegaban a una relación D/s.

¿Te parece poco? ¡Pues hay más!

Con los que llegué a tener un contacto continuo alguno que otro me hizo temer lo que pudiera pasar, como todo en esta vida hay personas buenas y malas y hubo una época en mi etapa como Dómina profesional que me hizo plantearme muy seriamente incluso denunciar ante la justicia tales hechos con nombres y apellidos. ¿Qué situaciones se dieron? Amenazas, acoso, intromisión al honor, chantaje, incluso uno de ellos me amenazó de muerte y no, no es broma. No lo puse en conocimiento del poder judicial por no hurgar más en la herida y tener que pasar por el mal trago, seamos realistas cuando se dan estas cosas es mejor parapetarse y pasar página. Pero cuando llevas tres años soportando personas malas y con conductas psicopáticas, pajilleros, chantajistas, faltas de respeto, desplantes y malos rollos por parte de los pseudo sumisos, te hartas.

Amén de que alguna que otra “domina profesional” intentara fastidiarme sin ningún motivo y sin siquiera conocerme, me suplantaran la identidad, e incluso alguna que otra intentara majamente meterme la puñalada por la espalda. ¡Qué majas y buenas, oye!

Y a mí me pasó justamente eso, mi paciencia se colmó. No estaba dispuesta a que pasara un día más y cerré sin previo aviso esta etapa, sin intención ninguna de volver a abrirla jamás.