Domadora de esclavos


Este es uno de los relatos que uno de mis admiradores a escrito hacíendome protagonista, puede o no corresponder con la realidad, eso lo dejo a tu imaginación mi queridx lector.
Desde mi privilegiada y cómoda posición, observo como mis animales van avanzando por el camino de tierra en dirección al interior de mi finca. Disfruto del paseo como de costumbre, mientras el sol me calienta el rostro. Llevo las riendas firmes, y el Látigo lo voy manejando con alegría, para evitar que se relajen mis esclavos.
Repito, que bajo ningún concepto voy a permitir que estos machos inferiores de mi propiedad, se rían de mi.
Después de media hora aproximadamente, hemos recorrido unos tres kilómetros, y los animales ya han calentado suficientemente su musculatura, así que comienzo a subir la cadencia de tiro con mi Látigo. Una y otra vez los voy fustigando para que aceleren el trote.
El camino se empina hacia arriba, y ello unido al estado del terreno, hace que bajen la velocidad, por lo que me dirijo a ellos en voz alta, mientras les insisto con mi Látigo. “Más rápido escoria, no consiento movimientos lentos en mis esclavos”... Al instante observo en ellos un leve sobre esfuerzo por aumentar el paso, pero las condiciones del terreno no lo permiten…. El sonido de mi látigo rompe la paz y armonía, a la vez que de las bocas de mis animales, se escuchan jadeos y quejas por el castigo recibido por mi parte.
Debo reconocer que estoy disfrutando del paseo como nunca antes lo había hecho…. Después de quince minutos de intenso esfuerzo, por fin coronamos el repecho, y tirando de las riendas ordeno detenerse a mis animales.
Tirando de las riendas hacia un lado, doy la vuelta para descender por el camino hasta abajo. La bajada como es natural, es mucho más rápida y en apenas 1 minuto llegamos al inicio de la pendiente. Nuevamente utilizando las riendas les ordeno parar, obedeciendo mi orden al instante.
Damos la vuelta encarando la rampa y me dirijo a mis esclavos…. “Ahora vamos a volver a subir hasta arriba, pero esta vez sin tonterías…. si os pensáis que os vais a reír de mi, estáis muy equivocados… esclavos!!!! Soy perfectamente consciente, que es del todo imposible que asciendan más deprisa aquella pendiente, pero el inmenso placer que me origina el obligar a mis animales, a volver a pasar caprichosamente por aquel infierno, me da un subidón de adrenalina indescriptible.
Sin previo aviso comienzo a manejar mi látigo sobre sus desnudas espaldas y encaminamos la pendiente rápidamente. El resultado es el mismo que la primera vez, pero al llegar arriba, les hago ver que esta vez lo han hecho mejor, con el fin de humillarlos… “Muy bien bastardos, esta vez os habéis esforzado mas en complacerme, y ello me satisface enormemente…esclavos.”
Decido dar por concluido mi paseo matinal y les ordeno volver hacia mis cuadras de manera inmediata. De camino observo como uno de mis animales de tiro, va algo renqueante ralentizando de manera inaceptable al resto, por lo que al llegar libero a los otros 3 esclavos del tiro y los encierro en sus caballerizas.
A este otro por el contrario lo encadeno a la noria que hay en el centro del patio, el cual suelo emplear para ejercitar a mis esclavos, y situándome en un lado comienzo a azotarle con mi bullwhip para que comience a dar vueltas empujando la noria.
“Tu nivel físico deja mucho que desear y es del todo inaceptable esclavo , así que vas a dar vueltas hasta que que yo lo crea conveniente…”
Una y otra vez lo azoto mientras le grito…”mas rápido perro…no permito que un macho inferior como tu, desobedezca mis órdenes…”
Después de una hora de intenso esfuerzo, mi esclavo no es capaz de seguir con el ejercicio y cae desvanecido al suelo, por lo que doy por finalizada la clase de doma.